Adiós (parte 3)

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Mantener el control, fingir, sonreír, seguir adelante, caminar sin titubear, aparentar avanzar. Con suficiente experiencia puedes llegar hasta a engañarte a ti mismo, por un momento, claro, nada es eterno. Y es que la menta es curiosa, un día despiertas y lees algo que tu mente procesa pero parece decidir, de forma instantánea, ignorar. No te da tiempo de entender lo que estás pensando, tus ideas tienen vida propia y actúan en una velocidad superior a aquella en la que funcionas. Entonces la vida sigue, tus días y tu inercia recorren la rutina sin contratiempos.

Así pasó la semana. Despertaba, me quejaba conmigo mismo por la hora, pensaba en los pendientes del día, iniciaba mi día sin mucha convicción, por la tarde satisfecho con el esfuerzo hecho y antes de dormir mi dosis de severa auto-crítica por todo lo que no hice. Siempre cierro el día haciéndome sentir menos.

El miércoles siguió el patrón acostumbrado. Desperté con poca energía, pensé en los pendientes y planee mis actividades. Tuve un gran día en el trabajo, recibí tres retroalimentaciones positivas por tres proyectos diferentes y de tres personas con la posibilidad de mejorar mi carrera. Salí del estacionamiento sonriendo, con ganas de cantar, gritar, reír y gozar. Acostumbro escuchar podcasts en mis traslados, para aprovechar el tiempo en el tráfico y, de ser posible, aprender algo o mantenerme al día con las noticias o avances tecnológicos. Pero esa tarde no era para aprender, necesitaba música camino a casa. Abrí Spotify, no puse mucha atención al seleccionar una playlist y puse la primera a mi alcance. No me importaba lo que saliera, sólo quería escuchar algo que me gustara. Sin saberlo había iniciado Mi Top de canciones del 2018.

La primera canción de ese playlist es Crimson and Clover de Tommy James & The Shondells. No sé cuántas veces la escuché durante el año pasado, pero sé que empecé a escucharla seguido a finales del 2017. Tiene algo el ritmo de la canción que encuentro sensual. Me pone en un estado de ánimo que requiere estar en un lugar mal iluminado, oscuro, con apenas luz suficiente para poder identificar todo tu alrededor. Rodeado de humo, de preferencia el humo del cigarro en los labios de una mujer con labial rojo. Me dan ganas de beber whisky derecho, de filosofar, de coquetear, de estar pegado a esta mujer colgado de su voz a la merced de la historia que me está susurrando. Como me encantan las cosas que me provocan algo, cuando una canción me lleva a toda una experiencia sensorial la repito hasta que pierde el efecto, encuentro uno nuevo o una canción que había perdido su encanto lo recupera después de un periodo de abstención. Esta canción quedaba perfecta para el estado de alegría que traía, me sentía en control de mi destino y con ganas de probar mi seguridad sobre una sensual mujer misteriosa.

La siguiente canción en la lista es Till Death de Japanese Breakfast. Esta abrió la puerta al cuarto que contenía todo aquello vivido que estaba conectado a lo leído el viernes anterior y que mi mente había decidido encerrar e ignorar. La había empezado a escuchar a principios del 2018, coincidió que un amigo me presentó al grupo y que, dentro de las canciones que me mostró, venía esta cuyo título encajaba a la perfección con algo que me había dicho mí, en ese momento muy reciente, ex novia: “I just want you to know that you are it, till I die”. Fuck! ¿¡Por qué tuvo que decir eso?!

“Steering on hostile waves of panic
Like fighting a wheel that pulls to the right
I don’t deserve you but I’m giving it my best"

Dice la canción y quisiera decirle eso. Se lo dije. Quisiera repetírselo. I didn’t deserve you but I gave it my best. No la merecí, pero no hice las cosas mal, a veces hay personas que son muy bellas y no tiene sentido que estén con un ser tan dañado, tan desconectado como yo. Mi felicidad desapareció con esta canción y sentí que lo ignorado tenía ganas de desbordarse dentro de mí. Si pueden busquen la letra de esta canción, es muy bella, habla de duelo, de insomnio, de dolor, de ansiedad, de estrés postraumático, de como un abrazo puede sanar heridas. Así fue para mí. La noche que la conocí hablamos por horas y en un punto de la noche se levantó de su silla, se colocó detrás de mí y me abrazó, sin decir una sola palabra, escuchó mi historia, sintió mi dolor, se paró y me tomó entre sus brazos como se toma a un ser perdido y se le brinda el consuelo suficiente para que pueda descansar. “Your embrace, healing my wounds”. Muchos recuerdos pasaron por mi cabeza, a pesar de eso existía suficiente necedad en mí para evitar que me quebrara.

La cuarta canción fue mi fin. The Night We Met de Lord Huron… no puedo. Creo que no necesito explicar esta. hace un mes me escribió para decirme que yo era el amor de su vida, “Hi Chrissy, so apparently, lately we’ve been competing about who is more fucked up. I think I now might be winning. I have tumors in brain and liver, the old ones on the chest, in my lungs and a small one in my abdomen. I just wanted to tell you that I love you, you are the love of my life andI wish you all the best.” Sus palabras en mi cabeza, el mensaje de mi amigo “Oye Chris. No sé si sabes, pero Stacy… ayer en la noche.” Y la canción “I had all and then most of you Some and now none of you”. Puedes negar la realidad todo lo que quieras, ignorar lo que ocurre y seguir como si nada, hasta que llega el mazazo y te agarra de lleno en el abdomen y el pecho. En ese momento te das cuenta de que aquello que pensabas que era tuyo, aquel control, aquellas personas, aquella alegría nunca fue algo que pudieras poseer. Basta echar un vistazo a tu alrededor para ver todo derrumbarse. Miro a mi alrededor e intento comprender que no podré sostener por mucho tiempo aquello que amo, que en donde nos encontramos nada está diseñado para durar, sobre todo mi seguridad, mi confianza y mi equilibrio.

Lloré el resto del camino, repitiendo esas tres canciones. Recuperé el control afuera de mi casa, entré y volví a responder con una sonrisa “estoy bien”.

Ave Literaria

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